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CONCIENCIA PLANETARIA
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MES DE LA TRANSFORMACIÓN

 

Nuevo trabajo de produción propia: "LA FRATERNIDAD DEL CONOCIMIENTO" en la sección "KIOSKO" de la Web de Conciencia Planetaria

 

A las 13 horas de cada pais envia un pensamiento de PAZ a tu propio corazón

 

 

LA FRATERNIDAD DEL CONOCIMIENTO

 

 

Mi nombre iniciático fue Homet-Nut. Tuve el privilegio de ser admitido en La Fraternidad Solar, que creara en su día el faraón Akhenatón. Tanto yo, como mis setenta y un hermanos, juramos servir los valores de los Hijos del Sol, a través de los tiempos, en las diversas reencarnaciones que se nos asignaran en la Tierra, por los señores del Karma. Se me ofertó y adquirí el compromiso de revelar el conocimiento. Fui el guardián del Ojo Sagrado de Ra y se me programó con la facultad de mirar hacia atrás en los Registros del Tiempo. Por esto me ha tocado asomarme a este momento, contando cuanto pudo ver mi espíritu. En un determinado estado de conciencia, soy un ser atemporal. Y como en una gran pantalla, veo acontecimientos, percibo sensaciones y revivo situaciones, en las que los miembros de la Fraternidad Solar, se han visto envueltos, a través de la Historia.

 

Al igual que el erudito encuentra respuestas en los libros; desde los Registros del Tiempo se me ha entregado y ofertado verter algunas claves del conocimiento, que es bueno y necesario que el ser humano conozca. Es imprescindible; no obstante, conocer, que todo acto físico y material, así como todo acto creativo artístico, científico o literario, está inspirado por fuerzas, seres o principios inmateriales, metafísicos y astrales. Existe un orden perfectamente establecido en la cosmogonía del tiempo y del espacio, que integra en una sola lógica, lo espiritual, lo psíquico y lo material. Haciendo bueno el orden hermético que jerarquiza el orden en una trinidad de “espíritu-alma-cuerpo” y que para la cultura judeo-cristiana, se estableció en el “Padre-hijo-espíritu Santo”

Son muchas las reencarnaciones que viví en el antiguo Egipto; de hecho, aún viviendo en este tiempo, mi corazón y mi añoranza me hacen viajar cada noche a aquel tiempo antiguo. Tengo más recuerdos del pasado y de mis anteriores reencarnaciones, que los propios experimentados en esta precaria reencarnación que vivo, en este tiempo de confusión y de pérdida de valores morales y espirituales. Son como retazos hilvanados de emociones, que arrancan hacia el año 300 a.c. y concluyen hacia el año 100 d.c.  Es bueno que conozcáis la lógica esotérica e invisible que inspiró la mítica Biblioteca de Alejandría. Bien es verdad que la Historia escrita del ser humano está referida a acontecimientos físicos, emocionales y materiales, pero nadie ha contado la Historia de lo inmaterial. Nadie ha narrado la idas y venidas de los personajes “sin cuerpo” o de los seres que aún teniendo soporte físico, no son humanos, sino divinos. Pero antes de situarme en dicho tiempo, voy a narrar otros acontecimiento anteriores y unas premisas del conocimiento que es bueno que conozcáis para entender después los hechos mismos relacionados con la mítica Biblioteca.

Existen desde el principio de los tiempos: Las Musas (1); que en determinados ámbitos, no dejan de ser puros mitos de visionarios. Son sin embargo, seres reales que actúan con una perfecta coordinación entre lo “alto y lo bajo”. Cada poema, cada libro escrito, cada obra literaria que genera el ser humano está inspirada por uno de estos seres, bellos, seductores y encantadores. Pero estas musas no son sino seres que forman parte de otra jerarquía y de otra lógica superior. Me explicaré:

Cada Sistema Planetario donde se da la vida está coordinado por un principio rector o principio Solar, nutrido a su vez por seres de altísima evolución astral. En la cultura religiosa judeo-cristina, fueron llamados “Elohim” o “Genios Solares” Son Entidades que viven, se nutren y actúan a través de la luz. Siguiendo el orden jerárquico, encontramos los Logos Planetarios, que son los guardianes, los tuteladores o los señores de cada planeta. Y dentro de estos logos existen seres que coordinan, inspiran, dirigen y controlan “el conocimiento”  Por cada planeta, existen varios seres que tienen como misión, preservar la sabiduría y las experiencias acumuladas por las respectivas Humanidades. La evolución de las especies es posible a partir de la experimentación que cada ser realiza y entrega al “Alma Colectiva de la Humanidad”  Este principio o idea, ya ha sido vertido o referenciado por uno de los eruditos terrestres de este tiempo, el Dr. Sheldrake y su teoría sobre “los campos Morfogenéticos” (2). Según esta teoría, lo aprendido por un ser, es heredado por el siguiente que nace a continuación. Imaginad una gran computadora que almacenara cada experiencia o habilidad humana y que luego, de alguna manera, no material, es heredada por el recién nacido de la misma especie.

El concepto morfogenético, tiene un antecedente esotérico en los que conoce como Registro Akásico. Los registros akásicos son una supuesta especie de memoria (de todo lo que ha acontecido desde el inicio de los tiempos) que estaría registrada en el éter Allí se almacenaría todo lo que ha acontecido desde el inicio de los tiempos y todos los conocimientos del universo. Actualmente muchas personas que siguen la corriente de la Nueva Era creen en la existencia de estos registros. El adjetivo akáshico es un neologismo inventado por la teósofa británica Annie Bésant (1847-1933), que proviene de ākāśa, un término existente en el antiguo idioma sánscrito de la India, que significa ‘éter

El conocimiento, es la mayor y mejor herencia que una Humanidad puede entregar a sus sucesores. Y este principio es el más sagrado y más encumbrado en la Lógica Cósmica. De ahí que los Logos Planetarios, busquen en forma exhaustiva que no se pierda ni un solo ápice de dicho conocimiento o experiencia. Por ello desde los Maestros Astrales que gobiernan  estos principios, se mueven otras entidades como las musas y demás astrales, o inmateriales, para seguir,  por seres corpóreos, no necesariamente terrestres (extraterrestres), para terminar en los iniciados terrestres, que en forma consciente e inconsciente, se mueven siguiendo las órdenes y recomendaciones de toda la Jerarquía antes citada. El objetivo es, ha sido y será siempre: “PRESERVAR EL CONOCIMIENTO” ..

Pero en igual medida que existe una Jerarquía preservadora o tuteladora. No es menos cierto; y siguiendo el orden binario o bipolar de nuestro sistema, que otra Jerarquía contraria existe, vive y trabaja con los mismos medios,  con sus servidores y adeptos, para que dicho conocimiento no se preserve. Son “Los setianos” que buscan destruir libros, papiros, estatuas o elementos que contengan la sabiduría humana, pues desean que sea solo su modelo evolutivo y cultural el que prevalezca en esta eterna pugna o lucha entre las dos jerarquías.  

Y dentro de esta lógica, y enmarcado en estos principios,  tiene sentido este relato que os traslado a continuación. Espero que las musas inspiren mis palabras para ser fiel a la historia y a mis recuerdos.

 

HACE MILES DE AÑOS

En los anales de los Registros Eternos del Tiempo, están almacenados muchos episodios de actuaciones de los iniciados preservando códices, piedras, libros, máquinas y conocimientos que fueron puestos a buen recaudo y que con el tiempo salieron a la luz con posterioridad o bien aún hoy siguen guardados a la espera de ser revelados.

Incluso en el pequeño gesto de un nearthental o un homo sapiens, garabateando las paredes de una cueva, estaba detrás el impulso o el programa de la Jerarquía, con el objetivo de preservar o trasmitir el conocimiento a las generaciones posteriores. Desde este acto tan insignificante hasta un salvamento a gran escala, por parte de entidades superiores, todo está animado y previsto por este programa de preservación.

Hace treinta y cinco mil años, en la Tierra existían dos continentes que albergaban dos civilizaciones con una tecnología superior a la nuestra. El continente Lemuriano (de la que formaba parte la actual Australia) y el continente Atlantídeo (bajo el mar Atlántico) contenían a lémures y atlantes enfrentados en una guerra fratricida por problemas ideológicos, egemonicos y comerciales (3). Las armas de destrucción masiva que poseían se activaron en dicha contienda, produciendo la exterminación de la raza casi en su totalidad. No existen datos escritos sobre esta contienda milenaria. La única información al respecto, tiene connotaciones de ciencia ficción, puesto que consta en uno de los libros del argentino Fabio Zerpa, donde se transcribe una conversación mantenida con el físico norteamericano Daniel W. Fry, El día 4 de Julio de 1950 Fry tuvo un encuentro con un “platillo volante” . Su tripulante Alan le contó, que sus antepasados provenían de la Tierra. Fueron los supervivientes de una guerra nuclear y al parecer estaban retornando a su hogar después de miles de años de peregrinaje por el espacio.

Esta narración que lógicamente puede ser tildada de cuento de hadas es cierta para mi, en la medida que me fue concedido ver una de mis reencarnaciones en dichos tiempo y civilización. Es difícil explicar cómo se dan estas experiencias astrales, puesto que un segundo me veo saliendo del cuerpo  y viajo en el espacio y el tiempo para identificarme en cuerpo y alma, con aromas, sabores, sentimientos, ideas y emociones que se suceden en forma mágica, haciéndome vivir días y años en con la perfecta sensación del tiempo. Siento la vejez, la enfermedad, los lazos afectivos, amo, sufro, odio, estudio y muero pasando los ochenta o noventa años de aquella vida, cuando en realidad solo han pasado unos segundos de mi actual tiempo terrestre. A veces he tenido verdaderos problemas de ubicación pues no sé bien si soy aquella o esta reencarnación. Si vivo allí o aquí. Si aquellos seres son mi familia o si son los que ahora ocupan mi corazón. Esto es lo que recuerdo:

 

LA GRAN CONTIENDA

Siguiendo el imperativo  del espíritu, en aquella reencarnación era mujer. Mi aspecto era, a semejanza de mis compatriotas, de tez blanca, talla alta y delgada. Ojos claros. Nuestra raza era de procedencia genética espacial de las constelaciones de Pléyades y Orión. Los viejos textos sagrados hablaban de una diosa  semejante a la Diosa Isis de la cultura egipcia, que nos habría creado hacia miles años.

Nuestro continente se extendía desde la actual Groenlandia hasta lo que ahora conocemos como Islas Canarias. La capital estaba a la altura de dichas islas. La llamábamos: “Sarta”. Sus edificaciones eran de cristal de cuarzo, De hecho el cristal estaba presente en toda forma tecnológica y vivencial. Nuestros científicos habían conseguido solidificar el cristal con una densidad semejante al más duro de nuestros actuales metales. En la misma medida las cuarcitas y otros cristales semejantes podían ser licuados incluso vaporizados en forma sorprendente. Así como los científicos actuales han conseguido detectar la cualidad piezoeléctrica del cuarzo, en aquel tiempo, esa propiedad no era sino una de las menos importantes. Con este cristal, nuestra civilización había conseguido trasportar la luz del Sol, con todas sus propiedades a lo más recóndito de la obscuridad. El cuarzo a su vez era el mejor condensador y amplificador electrónico que aún hoy no se ha descubierto. Un simple centímetro cúbico de uno de aquellos cristales podía albergar todos los datos informáticos de toda la Humanidad y aún sobraba sitio. Mientras que en la actualidad el cuarzo es usado en sí mismo como componente electrónico, aquella civilización utilizaba la forma, y la combinación de distintos cristales como patrón de una mayor eficacia tecnológica.

No comíamos carne. Hacía miles de años que se sabía que la carne producía una mayor agresividad y alteraba las hormonas embruteciendo al individuo. De hecho nuestro sistema digestivo no estaba desarrollado como el actual. Nuestro estómago era muy pequeño y no teníamos lo que ahora se llama vesícula biliar, puesto que los alimentos los tomamos casi pre-digeridos.

La afición más importante para nosotros era el deporte, sobre todo la natación. Esta afición venía por determinación genética, puesto que nuestros creadores también habrían creado seres acuáticos, a partir de un mismo patrón genético primigenio. Nuestra raza corría y saltaba en forma extraordinaria debido pues nuestra delgadez facilitaba estos ejercicios. Incluso se daba con facilidad la levitación en los estados de trance que muchas personan conseguían en la común practica de la meditación.

No practicábamos religión alguna como ahora se entiende en la Tierra. Para los atlantes, Dios era la máxima inteligencia, innombrable, insuperable y que compenetraba cada átomo de la existencia universal. Dios era la práctica de la virtud. No existían sacerdotes como en las religiones actuales, pero si existían seres que dedicaban su vida a la meditación, la auto-escucha y la introspección. Eran seres muy respetados, con capacidad de profecía y dotados de poderes psíquicos. También eran venerados los astrólogos. Las familias los consultaban para determinar el futuro de sus hijos.

Considerábamos que la familia era fundamental y toda la sociedad se estructuraba en torno a la misma. Los hijos dependían en parte de la familia, pero también el estado dirigía su educación.

Una pléyade de científicos había conseguido mediante astronaves de cristal casi puro, transportar personas en forma inter-dimensional. De hecho se habían dado varios accidentes en este sentido, de personas que habían pasado a otra dimensión y no habían retornado. Este fenómeno solo se daba en forma muy aislada pues no estaba al alcance del pueblo llano.

El ejército había desarrollado armas parecidas a las nucleares de un poder destructivo terrible, mucho más poderoso que las actuales bombas atómicas. El miedo a los lémures les había impulsado a realizarlas. Se tenía la esperanza de no usarlas nunca, pero el futuro nos haría comprender, que la única manera de no usarlas, era no haberlas construido.

En Sarta y en otras ciudades del continente existían grandes construcciones subterráneas. En muchas ciudades las estancias subterráneas eran más grandes que las de superficie. Había una gran afición de la raza a vivir en el subsuelo. La capacidad de transportar los rayos de luz con todo su poder a las profundidades lo permitía con una total eficacia.

En aquellos tiempos había dos lunas además de la actual. Las noches eran tan bellas, que al tiempo de recordar esta imagen me asalta la emoción de un cielo estrellado como un mosaico de luces variopintas que cautivaban la vista y encantaban los sentidos.

Mi trabajo era de supervisora de instalaciones subterránea. Tengo la sensación de ser una especie de ingeniero técnico especializado en máquinas. Recuerdo incluso la feliz sensación de hacer mi trabajo con satisfacción y de recibir de mis compañeros una grata respuesta de amistad y de cariño.

Todos estos recuerdos se entrelazan con sensaciones y emociones que todavía me hacen vibrar, como si el tiempo no hubiese pasado. Quizás haya más detalles que ahora mismo puedo pasar por alto, pero esto es lo más importante que me ha revelado el espíritu y que os transmito. En todo caso, no éramos perfectos. El sistema de vida tenía también fallos sociales. Nuestro sistema político era más parecido al socialismo que a las democracias de occidente de este tiempo.

 

También me han llegado retazos de las características del otro continente. Los lémures eran seres creados por entidades de Sirio. Su complexión era atlética, mucho más fuertes que los atlantes. Más densos. Su tez era más oscura. Tenían la afición de llevar colgantes de piedras preciosas sobre su cuello. Brazaletes, pulseras y otros adornos muy vistosos y de una gran belleza. Eran especialistas en minería y en el tallado de las piedras y su tecnología era semejante en cuanto al poder destructivo a la nuestra.  Vivían sobre la superficie, puesto que al tener una piel mucho más densa que la nuestra soportaban la fuerza del Sol y las inclemencias del tiempo sin dificultad. Habían desarrollado vehículos voladores pero no habían podido traspasar a otra dimensión.

Su sistema social estaba más jerarquizado que el nuestro. Se daban varias clases sociales. Una élite dominante y un pueblo que obedecía sumiso. En cualquier caso su convivencia era armónica.

Los lémures concebían un dios parecido al nuestro, pero también tenían una veneración casi divina por sus creadores. De hecho en sus pinturas e iconografía tenían representaciones de Sirio y sobre todo de la estrella pequeña que la órbíta. Al parecer sus padres venían de esta estrella.

Atlantes y Lemures eran las razas que dominaban al resto de los humanos, mucho menos organizados y menos tecnificados. Pero el deseo de dominar e imponer los criterios de vida al resto de los terrestres nos enfrentaba con contiendas progresivas y legendarias. Esto me hace reflexionar sobre un hecho constante en lo que me dicta el espíritu: es decir, en la profunda imperfección del ser humano comparado con otras razas superiores del espacio y en la constante repetición de los mismos errores desde el principio de la vida en el planeta Tierra, no solo por estas razas, sino por otras tantas que a lo largo de cientos de miles de años han poblado esta estancia cósmica donde habitamos.

Una bellísima figura femenina se asomó oníricamente a mi sueño. Sus maravillosos ojos brillantes no dejaban de mirarme. Como pasa normalmente en los sueños vividos en profundidad, todos mis sentidos estaban participando de su presencia, percibiendo emociones e imágenes que acompañaban a aquella bella presencia:

- Yo soy una musa. Vengo a ti para que preserves el conocimiento.

Junto a estas palabras vi como una tremenda llamarada penetraba en cada rincón de nuestro continente. Millones de seres caían fulminados. Todo se perdía y se convertía en cenizas. Luego ascendía al cielo y vi el resto del planeta Tierra. Nuestros enemigos los lémures ya no estaban. Su continente se había hundido casi en su totalidad. En el resto de los continentes, una nube negra densa y fría cubría toda la naturaleza. Prácticamente todas las razas próximas al Ecuador (Que en aquellos días no estaba como ahora) yacían en los campos, en sus casas y en las ciudades, junto con animales de toda especie. La lluvia mortal de la radiación anegaba cada átomo de vida. Úlceras terribles cubrían los restos de los seres vivos. ¡Era el fin!

- No todo se perderá – Dijo la musa – Como en otras ocasiones, unos pocos seguirán viviendo, almacenando en sus espíritus la tremenda experiencia de vuestra Humanidad. Cuando no es la naturaleza en sí misma, es la codicia y la intolerancia humana lo que os autodestruye. Y vida tras vida, Humanidad tras Humanidad, siglo tras siglo y milenio tras milenio la muerte, la destrucción y la aniquilación, os perseguirá hasta el final de los tiempos.

Aún durmiendo yo notaba la humedad que mis lágrimas causaban en la almohada de mi cuarto. - ¿pero por qué tanta maldad?....

- Vuestro planeta es una granja. Habéis sido creados por diversos patrones genéticos e introducidos en una esfera planetaria para realizar un experimento cósmico. Es por esto que convivís, negros, blancos, amarillos y rojos. Cada uno de vosotros ha sido engendrado por diversos dioses. Así fue ordenado por los Maestros de la Galáxia.

Antes de que yo preguntara en sueños, la musa; que se anticipaba a mis reflexiones contestaba:

- Vosotros los atlantes consideráis a los Lemures como la raza del “maligno”, pero ellos os valoran en la misma medida, como seres engendrados por dioses malignos, débiles y caprichosos. Aun con distintas particularidades, son dos los modelos evolutivos que imperan en este rincón del Universo. Los engendrados por los dioses de Sirio, consideran que una especie superior debe seleccionarse a través de las guerras y de la exclusión y aniquilación de los más débiles para que finalmente emerja una raza pura, preparada, y con atributos perfectos. Los que os crearon a vosotros los atlantes, consideran que esta evolución, aun siendo mucho más lenta, procura crecer sin perder a nadie; es decir, esperar a que el ignorante aprenda, el violento se calme y el indiferente, ame. Evitando las guerras, los enfrentamientos y el conflicto. También ellos desean que seáis una raza pura, pero no lo es menos el interés de los “siriacos” en serlo en la misma medida. Todo deviene hacia la perfección, aunque los modos y maneras difieren. - ¿Comprendes?...

- Si, lo entiendo, pero considero mejor el modelo de nuestros patrones creadores.

- No, no es mejor, es diverso. El bien y el mal es subjetivo. Te lo explicaré y verás que no es tan fácil.

- El arquetipo Siriaco al que finalmente dentro de miles de años, llamaréis Set o Satán, junto con toda su jerarquía considera que una evolución selectiva lleva consigo unas grandes dosis de violencia y de exclusión, pero al llegar más rápido a la meta, conseguirá una minoría que al haber experimentado el dolor, el sufrimiento y la guerra en forma traumática, ya no lo reproducirá pues todos son perfectos, todos son experimentados y todos han conseguido la perfección. Digamos que finalmente, se han ahorrado muertos.

- El arquetipo Oriónida, que es el vuestro, al tardar mucho más produce en el camino tantos o más muertos e incapaces que el modelo Setiano. ¿Cuál es el mejor?.... Nadie en la Galaxia lo ha respondido todavía. Y la misma lucha que tenéis en vuestro planeta está, ha estado y aún estará en el futuro, entre los que llamáis dioses.

Aquella conversación, más larga y con más detalles, me hizo comprender lo lejos que estamos los humanos de entender a los dioses. Pero las imágenes se sucedían en aquella experiencia onírica. La Musa me enseñó imágenes de otras contiendas pasadas y futuras, de otras Humanidades, de otros planetas lejanos en diversas Galaxias. En todas ellas, una pequeña minoría de seres luminosos inter-dimensionales y atemporales, tenían el sagrado deber de preservar el conocimiento. Vi docentes, sabios, profetas, escritores y artistas que consagraron sus vidas y su espíritu a la sagrada tarea de entregar a las generaciones posteriores el conocimiento experimentativo de los antecesores. Y vi como yo antes, ahora y después; incluso al momento de escribir estas líneas, había asumido ese deber. Muchas de mis reencarnaciones anteriores y futuras hacia prácticamente lo mismo: escribir, guardar y trasmitir el conocimiento. Me vi de hombre, de mujer, rojo, amarillo, con diversos cuerpos, en diversas estancias cósmicas, haciendo lo mismo. Y junto a mí a otros tantos seres que estuvieron, aún están y estarán en este sagrado compromiso.

Luego, en el  mismo sueño vi las imágenes del Ateneo de nuestra ciudad, donde viven los “contemplativos” y en el mismo edificio varios rostros que no conocía y que me llamaban. Así terminó aquella experiencia, que aún hoy, después de muchas vidas, todavía está grabada en mi alma.

Por la mañana me dirigí al ateneo. Esperando encontrar los rostros que había visto en la noche anterior. Efectivamente los encontré, eran dos mujeres y un hombre que vestían una túnica amarilla. Curiosamente sus caras y su presencia física eran mucho más imperfetas que en mundo astral. ¡Qué bonitos son los seres humanos con sus figuras astrales y que densos y feos nos convertimos con las envolturas de nuestros cuerpos imperfectos y mortales!  Estos tres sabios, habían tenido, de una u otra manera, con más o menos semejanza, la misma experiencia. La clave era, avisar a nuestras autoridades, que un tremendo cataclismo se avecinaba en breve, con la consiguiente destrucción casi total de la raza.

En ese mismo día nos pusimos a la tarea de entrevistarnos con militares, políticos y personas de poder en nuestra civilización. Pero en forma sistemática fuimos objeto de mofa, risa y descrédito. Pero nuestra súplica y protesta trascendió el ámbito de los despachos y poco a poco otros tantos simpatizantes de la paz, artistas y místicos engrosaron nuestras filas. Aquel movimiento comenzó a volverse incómodo para las autoridades y fuimos seriamente advertidos para que cesáramos de trasmitir miedo al resto del pueblo.

En un año éramos miles de seres que pedíamos la paz y el desarme. Realizamos asambleas en diversas ciudades y foros. Y finalmente, optamos, como era lógico de no enfrentarnos a nada y a nadie. Se decidió por mayoría asamblearia, pasar a la fase silenciosa de preservar el conocimiento. Fue por eso que los meses sucesivos, miles de personas empeñaron su tiempo y energía en copiar libros, fotografiar pinturas y almacenar conocimiento en el “software” de aquellos tiempos; es decir en cristales, que a modo de condensadores almacenaban mega-datos de conocimiento. En forma sistemática, todos estos cristales fueron introducidos en forma secreta en las edificaciones subterráneas donde los atlantes vivían en su mayoría. Se diseñó un plan de supervivencia y el grupo resistente comenzó a almacenar alimentos, semillas y fertilizantes, que en forma secreta introducimos en silos interiores del subsuelo.

Todo este plan duró dos años. Pero lo más curioso fue comprobar, que no éramos los únicos empeñados en esta febril tarea de preservación: Fue después de una gran conferencia de paz entre los dos pueblos, cuando fui visitada por un lémur. Se presentó como el piloto que había llevado a los parlamentarios de su pueblo  a la conferencia que se celebraba en Sarta.

- Tu lucha es la mía – Dijo el lémur, mirando interrogativamente a mis ojos – En nuestro pueblo, otra minoría de compañeros está ahora mismo sufriendo persecuciones por postular vuestros principios pacifistas.

Sé que los nombres no tienen sentido en este relato, pero su nombre era Kerstan. Era un hombre fuerte, de una cuarentena de años. Moreno, de pelo negro, enroscado en forma de trenza sobre sus amplios hombros. Ojos grandes, inquietos e incisivos, como si estuviera aprendiendo de cada gesto o movimiento que percibieran.

Aquel encuentro me había dejado perpleja. ¿Cómo podía aceptar a un supuesto enemigo? Algo en mi interior me decía que aquel ser era sincero, que su preocupación era legítima y que de una u otra manera no nos espiaba. Además poco o nada podía sacar de mi. Sobre todo porque, además de no tener ningún puesto relevante en la sociedad, no era bien vista por las autoridades.

Las conversaciones de paz duraban una semana. Tiempo suficiente para comprobar que Kerstan era un hombre sincero. Finalmente accedí a que se entrevistar con mis otros tres compañeros, los contemplativos. Y todos juntos nos juramentamos en un compromiso de silencio.

Finalmente el lémur nos dijo que paralelamente a nuestra estrategia de preservación, ellos, habían optado por transportar la milenaria historia de su pueblo y su progreso, a las altas cumbres de lo que ahora llamamos Tibet. Curiosamente Kerstan y su grupo había sido inducido en la misma manera onírica por sus entidades superiores, a hacer lo mismo que nosotros. Todos nos maravillamos al comprobar, que los seres humanos no somos sino, títeres en manos de una lógica superior que lo coordina todo.

Fue un encuentro fantástico y fraterno. Todos nos habíamos dado cuenta, que por encima de las diferencias humanas, el espíritu no se divide, no se enfrenta y no lucha contra nada ni contra nadie. Kerstan se despidió con lágrimas en sus ojos. Nuestros corazones se encogieron con su marcha. Pero los planes divinos están por encima de nuestros apegos y emociones.

Los contemplativos eran seres con clarividencia. Los tres habían recibido instrucciones claras en sus meditaciones. El grupo sabía que tres días después de la declaración de paz entre los dos  pueblos estallaría el conflicto. Kerstan, a su vez, estaba al corriente de esta información y aceleró los planes de su propio grupo.

Lo que ahora voy a contar puede sonar a ciencia ficción, pero deseo ser fiel a cuanto el espíritu me ha revelado:

El pueblo celebró con una enorme alegría  las conversaciones de paz. Se declararon tres días de fiesta nacional. Nuestro grupo, por el contrario aceleró los planes previstos por los protocolos que habíamos establecido en los dos años anteriores. Mis tres hermanos contemplativos habían pactado un plan perfecto. Se trataba de instalarse en una de las naves inter-dimensionales que nuestros científicos habían ensayado. Fue en el segundo día de las celebraciones cuando abracé a mis compañeros. No pude evitar las lágrimas. Ellos estaban serenos. Sabían a donde iban y cuando volverían. Y efectivamente se introdujeron en la misma y desaparecieron de la vista y de la dimensión espacio temporal donde vivíamos. Su retorno estaba previsto veinte años después.

Yo pasé la consigna a todos mis compañeros. Se trataba de permanecer en las instalaciones subterráneas y no salir a la superficie en los dos días siguientes a la fiesta. No os podéis imaginar la vergüenza y los insultos que sufrimos de familiares, vecinos y amigos. ¿Quién podía esperar alguna contienda, después de la firma de un tratado de paz?.....

Fue en la mañana del tercer día de la marcha de Kerstan. Miles de luces surcaron el cielo aproximándose a nuestras ciudades. Los habitantes de Sarta y de las otras ciudades pensaban que eran otra de las atracciones que las autoridades habían establecido para celebrar la paz. Aquellas luces no eran sino artefactos de muerte enviados por una minoría de sanguinarios militares lémures. Habían previsto que la mejor manera de acabar con sus rivales era cogerlos por sorpresa en las celebraciones del armisticio.

Fueron segundos. Todo tembló, incluso nuestro propio cuerpo. Un estruendo insufrible bloqueo traumáticamente nuestros tímpanos. Explosiones y temblores sacudieron la tierra. Durante una hora el infierno se desató sobre nuestras cabezas. Luego un silencio absoluto. Solo se oía los latidos de nuestros corazones. Las entradas y puertas subterráneas de Sarta y de las otras ciudades se cerraron automáticamente, puesto que estaban diseñadas para bloquearse en caso de terremoto o ataque. Pero a la vez que estas puertas se cerraban, miles de silos con misiles cargados de muerte, se abrieron lanzando varios cientos de miles de proyectiles dirigidos hacia Lemuria. Nadie podía parar esta respuesta, puesto que así estaba programada por el ejército

Los lémures no esperan esta respuesta y murieron absolutamente todos. El impacto fue tan traumático, que casi todo el continente se hundió irremediablemente. Incluso habiendo tenido refugios subterráneos no podían haberse salvado. Al menos tuvieron el consuelo de no sufrir, puesto que la muerte fue instantánea. No quedaron ni animales, ni plantas ni seres vivos. Solo Kerstan y otros 554 seres entre mujeres y hombres se salvaron. Pocas horas antes de vencer el tercer día el lémur y su grupo asaltaron los hangares donde se encontraban sus naves de vuelo y escaparon a los lugares establecidos en la cordillera del Himalaya.

Los habitantes atlantes que habían tenido la fortuna de estar bajo tierra en el impacto, junto con los juramentados de nuestro grupo sumaban la cifra de veinticuatro miles seres. Finalmente la labor que habíamos realizado durante dos años, había dado su fruto. Pero salvarse de la muerte no era sino el principio de otra forma de calvario. Durante veinte años, envejecimos. Algunos murieron, otros nacieron bajo tierra. Nos organizamos perfectamente. Nadie hablaba de la gran catástrofe. La vergüenza cerraba nuestras bocas y oprimía nuestros corazones.

Los cultivos y la tecnología que habíamos desarrollado nos permitió sobrevivir. Nadie podía subir a la superficie. Los sensores detectaban una radiación que podía habernos matado. Pero conseguimos comunicarnos con los supervivientes de las otras ciudades mediante comunicaciones semejantes a las radiofónicas que ahora mismo conocemos. Se estableció un gobierno interno y se programaron nuevos protocolos sociales y morales. Yo formé parte de ese gobierno y empeñé todo mi esfuerzo en hacer mis deberes con dignidad.

Primero fue una mujer, luego un hombre, sus hijos, sus vecinos y los amigos de sus hijos. Todos los atlantes marcaron su mano derecha en forma espontánea con una cruz a la altura del quinto metatarsiano. El fuego quemó nuestra piel, para recordarnos a todos el genocidio que habíamos causado a nuestra raza, a nuestra morada la tierra y a nuestros hermanos los lémures. Y generación tras generación por ciertos de año, nuestro pueblo marco a sus recién nacidos para recordarles nuestra desobediencia a Dios. Es por eso que aún hoy treinta y cinco mil años después, muchos de nosotros tenemos en el comienzo del dedo meñique, sobre la palma de la mano, una cruz característica que recuerda nuestro pasado, nuestra raza y nuestro pecado.

No tuve hijos. Emplee toda mi vida en el servicio a los demás. Enseñé Historia, Filosofía y Ética a los hijos de mis semejantes. Finalmente a los veinte años de aquella catástrofe, se abrieron las puertas. Salimos a la superficie. Nuevas plantas, nuevos cultivos, otros tantos animales y una tremenda dosis de esperanza nos empujó a empezar de nuevo. Todos teníamos el pelo blanco, incluso los hijos nacidos en la cuarentena subterránea.

Sentir los rayos del divino Sol sobre nuestro rostro fue el mejor de los placeres que ser humano haya podido experimentar. Y después de milenios, cuando me pongo al Sol, mi espíritu me trae los recuerdos de aquella tragedia y las lágrimas se asoman con un lamento: ¡Nunca más…Nunca más!  

(Si te sigue interesando el tema tienes todo el trabajo publicado en la sección "Kiosko - Revistas" de la Web de Conciencia Planetaria: www.concienciaplanetaria.es y en la sección esoterica de Heliocentro: http://www.heliocentro.net/esoterico.htm )

Heliocentro

 

 

 

 

 

LA  SABIDURIA  DEL  SILENCIO  INTERNO

 

 

Habla simplemente cuando sea necesario. Piensa lo que vas a decir, antes de abrir la boca. Se breve y preciso, ya que cada vez que dejes salir una palabra, dejas salir al mismo tiempo una parte de tu chi (energía). De esta manera aprenderás a desarrollar el arte de hablar sin perder energía.

 

Nunca hagas promesas que no puedas cumplir. No te quejes y no utilices en tu vocabulario palabras que proyecten imágenes negativas, porque se producirá alrededor de ti todo lo que has fabricado con tus palabras cargadas de chi.

 

Si no tienes nada bueno, verdadero y útil que decir, es mejor quedarse callado y no decir nada. Aprende a ser como un espejo. Escucha y refleja la energía. El Universo mismo es el mejor ejemplo de un espejo que la naturaleza nos ha dado, porque el Universo acepta sin condiciones nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestras palabras, nuestras acciones, y nos envía de vuelta el reflejo de nuestra propia energía bajo la forma de las diferentes circunstancias que se representan en nuestra vida.

 

Si te identificas con el éxito tendrás éxito. Si te identificas con el fracaso, tendrás fracaso. Así podemos observar que las circunstancias que vivimos son simplemente manifestaciones externas del contenido de nuestra habladuría interna. Aprende a ser como el Universo, escuchando y reflejando la energía sin emociones densas y sin prejuicios, porque siendo como un espejo sin emociones, aprendemos a hablar de otra manera, con el poder mental tranquilo y en silencio, sin darle oportunidad de imponerse con sus opiniones personales y evitando que tenga reacciones emocionales excesivas, simplemente permitiendo una comunicación sincera y fluída.

 

No te des mucha importancia y sé humilde, pues cuanto más te muestres superior, inteligente y prepotente, más te vuelves prisionero de tu propia imagen y vives en un mundo de tensión e ilusiones.

 

Sé discreto, preserva tu vida íntima, de esta manera te liberas de las opiniones de los otros y llevarás una vida tranquila volviéndote invisible, misterioso, indefinible, insondable como el TAO.

 

No compitas con los demás, vuélvete como la tierra que nos nutre, que nos da lo que necesitamos. Ayuda a los otros a percibir sus cualidades, a percibir sus virtudes, a brillar. El espíritu competitivo hace que crezca el ego y crea conflictos inevitablemente. Ten confianza en ti mismo, preserva tu paz interna evitando entrar en la provocación y en las trampas de los otros.

 

No te comprometas fácilmente. Si actúas de manera precipitada sin tomar consciencia profunda de la situación, te vas a crear complicaciones. La gente no tiene confianza en aquellos que muy fácilmente dicen “si”, porque saben que ese “si” no es sólido y le falta valor. Toma un momento de silencio interno para considerar todo lo que se presenta y toma tu decisión después. Así desarrollarás la confianza en ti mismo y la sabiduría.

 

Si realmente hay algo que no sabes o no tienes la respuesta a la pregunta que te han hecho, acéptalo. El hecho de no saber es muy incómodo para el ego, porque le gusta saber todo, siempre tener razón y siempre dar su opinión muy personal. En realidad el ago no sabe nada, simplemente hace creer que sabe.

 

Evita el hecho de juzgar y criticar, el TAO es imparcial y sin juicios, no critica a la gente, tiene una compasión infinita y no conoce la dualidad. Cada vez que juzgas a alguien, lo único que haces es expresar tu opinión muy personal y es una pérdida de energía, es puro ruido. Juzgar es una manera de esconder las propias debilidades. El sabio tolera todo y no dirá ni una palabra.

 

Recuerda que todo lo que te molesta de los otros es una proyección de todo lo que todavía no has resuelto en ti mismo. Deja que cada quién resuelva sus propios problemas y concentra tu energía en tu propia vida. Ocúpate de ti mismo, no te defiendas. Cuando tratas de defenderte, en realidad estás dándole demasiada importancia a las palabras de los otros y le das más fuerza a su agresión. Si aceptas el no defenderte estás demostrando que las palabras de los demás no te afectan, que son simplemente opiniones y que no necesitas convencer a los otros para ser feliz.

 

Tu silencio interno te vuelve impasible. Haz regularmente un ayuno de la palabra para reeducar el ego, que tiene la costumbre de hablar todo el tiempo. Practica el arte de no hablar. Toma un día a la semana para abstenerte de hablar, o por lo menos unas horas en el día, según lo permita tu organización personal. Es un ejercicio excelente para conocer y aprender el universo ilimitado del TAO, en lugar de tratar de explicar con palabras lo que es el TAO.

 

Progresivamente desarrollarás  el arte de hablar sin hablar y tu verdadera naturaleza interna reemplazará tu personalidad artificial, dejando aparecer la luz de tu corazón y el poder de la sabiduría del silencio. Gracias a esta fuerza atraerás hacia ti todo lo que necesitas para realizarte y liberarte completamente. Pero hay que tener cuidado de que el ego no se inmiscuya. El poder permanece cuando el ego se queda tranquilo y en silencio. Si tu ego se impone y abusa de este poder, el mismo poder se convertirá en un veneno y todo tu ser se envenenará rápidamente, perdiendo la paz.

 

Quédate en silencio, cultiva tu propio ser interno. Respeta la vida de los demás y de todo lo que existe en el mundo. No trates de forzar, manipular y controlar a los otros. Conviértete en tu propio maestro y deja a los demás ser lo que son, o lo que tienen la capacidad de ser. Dicho en otras palabras, vive siguiendo la vida sagrada del TAO.

 

 

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Mer 3 Dic 2008 12:54 pm

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