Cuatro razones para enseñar
Dentro de la docencia, muchas veces, existen grandes problemas de motivación. Suponemos cuando empezamos, en nuestra falta de experiencia, que nuestra labor como docentes estará prontamente recompensada, dotaremos a nuestros alumnos y alumnas de unos conocimientos y hábitos que harán de ellos y ellas ciudadanos respetuosos con los demás, conscientes de sus capacidades y tolerantes con ideas y comportamientos ajenos. Conforme va pasando el tiempo, la conciencia de la realidad nos coloca en una situación que no esperábamos. Un trabajo difícil, raramente gratificado, lleno de dudas y con grandes responsabilidades. En fin, entre nuestras expectativas y el fruto de cierta experiencia media un pequeño abismo, bien es cierto que tal abismo no tiene una profundidad estándar. Si algo se aprende en esta profesión es que, todos los casos, aunque pueden responder a ciertos modelos, son mundos diferentes. Nuestro caso, por tanto, no escapa de esta aseveración. Cada uno y cada una vivimos la experiencia de la docencia de modo distinto. Es realmente difícil tomarse este trabajo con la seriedad y el rigor que requiere y, sobre todo, mantener la tensión y la pasión de la enseñanza en el tiempo. Requerimos, de vez en cuando, que se nos recuerde algunas pocas razones que ejerzan de motivadores para continuar con nuestra labor. Ahí van unas pocas:
- Los alumnos y alumnas raramente están dotados de hábitos. Los padres no tienen por qué estar preparados para hacer frente a unas dificultades que, conforme van los chicos y las chicas creciendo, resultan nuevas, con lo que la experiencia acumulada no suele servir para estas diferentes etapas del crecimiento.
- Necesitan vivir en un entorno ajeno al familiar, disciplina y respeto dentro de una comunidad como es la escolar, más amplia que la del hogar, les prepara para su inserción en la sociedad. Somos los responsables de dirigir, mostrar el nuevo entorno e imbuir de las normas que lo rigen.
- En muchas ocasiones cumplimos un papel afectivo que, quizá no nos corresponda, pero que, en definitiva es lo único a lo que, muchas veces, se pueden aferrar. Una labor necesaria a la vez que gratificante, pero con muchos componentes desestabilizadores.
- Ejercemos de modelos de comportamiento, aunque suene un poco pretencioso. Esto implica un cuidado especial tanto dentro del aula como fuera. Son los valores cívicos y éticos los que suelen ser más imitados, por tanto, tal 'ejemplo' no acaba dentro del aula.
Como se puede apreciar, nuestra labor es más importante de lo que se suele pensar pasados unos años de experiencia docente. Aunque sabemos que los resultados de nuestra labor se apreciarán allende los tiempos, sabemos, también, que están ahí, y que, culpa de parte de lo bueno o malo que tengan nuestros discentes, es nuestra. |